2.- TERMODINÁMICA, ENTROPÍA, TECNOCIENCIA Y PODER.
Habrán comprendido fácilmente la importancia de esta tesis para el tema que tratamos, pues articula con rigor y elegancia la dialéctica entre la continuidad biológica y la discontinuidad lingüístico-cultural dentro de la antropogénesis, articulación centrada en la producción social de la existencia, con efectos en la aparición y diferenciación de los "pueblos". Pero esa tendencia cierta es contrarrestada por injusticias históricas como la propiedad masculina de la fuerza de trabajo psicosomática de la mujer en primer lugar, y a partir de aquí por la explotación y opresión de los pueblos y de las clases trabajadoras. Así, a partir de aquí y sobre todo en el capitalismo, la tendencia al ahorro y racionalidad quedan reducidas a simples esfuerzos individuales que desaparecen y se convierten en su contrario antagónico, es decir, en el despilfarro y en la irracionalidad absoluta. Hay que partir del hecho de que, según Martínez Alier: "En la humanidad el consumo exosomático de energía y materiales no está determinado genéticamente, sus límites son culturales y político-económicos" (16).
Límites que son efecto de la explotación y de la lucha de clases e inseparables de las relaciones de la especie humana con la naturaleza, de la que extrae mucha más energía de la que necesita y siempre en beneficio de la minoría dominante, de modo que, como explica Naredo en un interesante artículo sobre energía, materia y entropía: "La sola extracción de combustibles fósiles, además de superar anualmente en toneladas a ala producción de alimentos, contiene una energía que multiplica por 14 la contenida en éstos, mostrando que la especie humana es la única que utiliza una energía exosomática muy superior a la ingerida en forma de alimentos (...) Mientras que para la media mundial se usan al año una seis toneladas por cápita de materiales extraídos de la corteza terrestre, el estadounidense medio viene a utilizar entre 25 y 30. Y en lo referente al uso de los productos energéticos comercializados, es conocido el dato de que los Estados Unidos, con un 5 % de la población mundial, consumen el 30 % de las disponibilidades mundiales de esos producidos" (17).
La obtención y reparto o distribución de energía, son inseparables del trabajo humano, de la producción social; y estas, a partir de un determinado grado de contradicciones y antagonismos sociales, son inseparables de la explotación, opresión y dominación. En sentido general, uno de los secretos de la técnica en general radica en la interacción dialéctica entre, de un lado, la tendencia al mínimo esfuerzo o principio de la mínima acción, formulado por Maupertius en la primera mitad del siglo XVIII; por otro, la ley de la productividad del trabajo, tan bien resumida por Trotsky (18) que expresa uno de los puntos nodales del materialismo histórico y, por último, por el conjunto de teorías que R. N. Adams sintetizó en su clásico texto sobre las relaciones entre segundo principio de la termodinámica, selección natural, la llamada "ley" de Lotka y algunos principios de sistemas abiertos en no equilibrio (19). De este modo, comprendemos que la expoliación norteamericana del 30% de la energía exosomática mundial no depende sólo del control de los recursos energético y de la supremacía tecnocientífica, sino que estos son factores necesarios pero insuficientes en sí mismos ya que, en última instancia, dependen del poder de opresión y explotación, y del control social y dominación ideológica. Pero, en definitiva, es la capacidad de explotación de la fuerza de trabajo humana la que garantiza, en su régimen social opresivo, el que la minoría acapare la mayoría de la energía.
Desde esta perspectiva, la tecnociencia capitalista tiene la función básica de asegurar la fácil y masiva transferencia de energías y recursos de toda índole, fundamentalmente de fuerza de trabajo social, de la mayoría oprimida y explotada a la minoría opresora y explotadora La institución tecnocientífica tiene, así, la tarea de optimizar la transferencia de entropía negativa de la mayoría explotada a la minoría explotadora, o resumiendo las tesis imprescindibles de L. Jiménez Herrero en su magistral lección de "termodinámica para economistas":
"Cualquier proceso llevado a efecto en la máquina económica tiene consustancialmente asociado un flujo de energía que se degrada irremediablemente. La circulación económica de bienes y servicios puede traducirse en términos energéticos, y así lo que tradicionalmente se ha considerado como circulación "real" es esencialmente "energética" (...) En los sistemas cerrados (sin intercambio de materia) la tendencia inevitable es alcanzar un estado de equilibrio definido por la máxima entropía o desorden. Los sistemas abiertos que intercambian materia y energía con el exterior consiguen retrasar la tendencia entrópica, creando temporalmente "islotes", estados de mayor orden incorporando entropía negativa o negaentropía (información, conocimiento, organización)
(...) La ecósfera, a través del intercambio de energía, ha ido consiguiendo mantener un balance positivo de negaentropía o de organización compleja por mediación de la fotosíntesis y los procesos biológicos. Sin embargo, esta trayectoria se distorsiona en la medida en que la actividad económica use masivamente los recursos energéticos y materias primas y se devuelvan como materiales de desecho (no absorbidos por el medio ambiente), disminuyendo la capacidad de organización de todo el sistema. El hombre depende cada vez más de dispositivos técnicos que intenten reemplazar a los naturales para contrarrestar la tendencia hacia el aumento de la entropía. El crecimiento incontrolado de las últimas décadas (el crecimiento por el crecimiento, como un fin en sí mismo) parece seguir el camino del desorden y de la entropía. Los instrumentos antientrópicos del sistema mundial residen ene el aumento de la capacidad de creación de estructuras organizativas. Algunos autores piensan que, con independencia de esa capacidad creativa, el sistema económico dispone de mecanismos intensos para poner la tendencia entrópica, como, por ejemplo, la inflación y la igualdad de riqueza.
Sobre las bases apuntadas anteriormente, quizá podría plantearse también una nueva teoría del "intercambio desigual" entre países ricos y pobres: los primeros se encuentran sometidos a una entropía económica avanzada y su abastecimiento de entropía negativa pasa por una estrategia que afecta no sólo a la disposición de mecanismos internos de su propio sistema sino además a las relaciones de dominación centro-periferia para la disponibilidad de recursos naturales, imprescindibles para el mantenimiento del proceso económico" (20).
(16) Joan Martínez Alier: "De la economía ecológica al ecologismo popular". Icaria, Barcelona 1992, pág. 84.
(17) José Manuel Naredo: "Energía, materia y entropía", en "Energía para el mañana". Aedenat, Madrid 1993, pág. 64.
(18) León Trotsky: "El nacionalismo y la economía". En "Escritos". Tomo V 1933-34, volumen I. Edit. Pluma. Colombia, 1976, pág. 242.
(19) Richard N. Adams: "Energía y estructura: una teoría del poder social". FCE. México D.F. 1983.
(20) Luis Jiménez Herrero: "Medio ambiente y desarrollo alternativo. Gestión racional de los recursos para una sociedad perdurable". Iepala Editorial. Madrid 1989, págs 340-356.